Es nuestra pareja. La que más nos conoce. Con la que llevamos tiempo haciendo el amor y solo el amor, al margen del día o de la hora es nuestra pareja ideal. La que hemos soñado. Lo pasamos bien juntos. Mejor que con ninguna otra persona. La cama es un lugar ideal a donde a los dos siempre nos apetece estar. Sabemos qué es lo que quiere el otro. Nos gusta escuchar como gime, como grita, como se apasiona en la medida que ponemos esfuerzo. Nos satisface estimular a la pareja, mirarle a los ojos mientras nos corremos. Ver a tu pareja gozando y deseándote cada vez más es un doble placer para quienes lo pueden dar, y sin duda, para quienes sienten también placer al ofrecerlo.

Todo cambia en algún momento…la pasión también

Sin embargo aunque hay parejas que se sienten unidas en el aspecto afectivo y en la vida sexual… ¿qué pasa cuando eso sucumbe y cambia? ¿Qué sucede cuando ya no nos apetece acostarnos más con nuestra mujer o con el hombre que elegimos como compañero para la vida? ¿Qué nos pasa? ¿Por qué ya no sentimos el mismo placer de antes? ¿A dónde se fue? A ninguna parte señoras y señores el placer sigue ahí solamente que se parece más a un placer dormido, agotado de tanto uso. Es un placer que no parece nuestro sino todo lo contrario. Cuando eso ocurre en la pareja algunos ni siquiera se lo cuestionan y buscan una fórmula de sustituir esa carencia. Encuentran una amante en un sitio de encuentros y celebran haberla encontrado como si hubieran hallado un tesoro escondido. Ya ni siquiera le piden a la mujer con la que duermen todas las noches que se vista de tal o cual manera para excitarlo.

El sexo en casa ha pasado a un segundo y hasta tercer plano. Ahora que hay una amante todo parece más bien ordenado, como si hubiéramos encontrado la pieza que hacía falta. No todo estaba extraviado. Pero no siempre esa decisión es fácil de tomar. Requiere tiempo. Desgaste. Exige prudencia y no es algo que siempre esté en los planes. Sin embargo hay una alternativa. Va en relación a la vida sexual e íntima de las personas. A la vida de pareja.

Dirigida a esas personas que ven que existe un vacío en lo sexual y que más parece un lugar desconocido donde no saben ni por que están. Pero tranquilos que la pasión puede volver a despertar. Exigirá paciencia. Poner en marcha un plan tiene esas cosas. Habrá que empezar a buscar opciones que se sumen a nuestro deseo. Buscaremos lugares de casa diferentes. Probaremos en hacer el amor en la cocina o en el suelo. Tal vez en el baño y compraremos sábanas diferentes. Ambientaremos la habitación con una vela aromática. Y nos untaremos la piel con alguna crema afrodisíaca. Hecha para despertar la pasión. No esperemos a la noche del sábado para hacer el amor. Salgamos de la cama. Salgamos de casa. Busquemos un hotel o la arena de una playa. Y es que la variedad es lo que enciende la llama dormida del sexo.